lunes, 8 de julio de 2013

"No olvidemos", en la revista Renovación de JSE

La crisis de por sí está resultando desoladora, especialmente para la juventud, es lo que muchos jóvenes gritaban en las plazas allá por 2011. Pero, pasados dos años del inicio de aquellas protestas, sumemos el uso que se está haciendo de la crisis para justificar medidas que en realidad solo tienen una motivación ideológica. La situación indigna mucho más. Desde que el Partido Popular llegó al gobierno se han dedicado a preparar un cóctel letal, una mezcla venenosa para ponerlo todo más difícil a prácticamente toda la juventud, como si ya no fuera complicada la realidad con un 57,2% de los jóvenes en paro.

Comenzaron con la reforma laboral, para dar a elegir a los jóvenes entre el paro, el trabajo sin derechos laborales y con sueldos cada vez más bajos o el exilio económico, pocas opciones más da por mucho que la ministra de empleo repita una y otra vez que es una reforma para el empleo, como si los datos no mostraran lo contrario. El alto paro juvenil lo sufrimos desde hace años, no es algo nuevo, y ha obligado a muchos jóvenes a irse de España, pero ahora, por medidas del gobierno, son muchos más los que son invitados a marcharse. Es el caso de muchos jóvenes investigadores, formados y entregados, que ven como se cortan sus carreras y se paran sus proyectos, que se van y perdemos la inversión que la sociedad hizo en ellos. Y esto ocurre por decisión directa del gobierno, ya que por mucho que repitan que la I+D+i es fundamental para nuestro futuro no paran de recortar su presupuesto. Pero no tienen suficiente con marcarles el camino del exilio, también tienen que aguantar como desprestigian su labor, valga el caso del diputado popular que afirmaba hace unos días en el Congreso que “la investigación en nuestro país tiene que dejar de ser contemplativa para ser competitiva”, vergonzoso.

Y si las dificultades de emprender una vida laboral no son suficiente, también la toman con los que quieren iniciar o proseguir su formación: comenzaron subiendo las tasas universitarias y recortando en becas, como las Erasmus y las dedicadas a aprender inglés. Pero ahora pretenden dar un nuevo paso, un hachazo a la igualdad de oportunidades a través del decreto de becas que van a aprobar, dificultando el acceso a la universidad de las clases más humildes para así garantizar menos competencia a aquellos a los que la cuestión económica no les supone ninguna limitación.

Y claro, en la vida de un joven no todo es trabajar y estudiar, también está la salud, que por suerte es mejor que la de nuestros abuelos, y ahí llegó la genial idea de dejar sin tarjeta sanitaria a los jóvenes que no han cotizado, a no ser que acrediten que no tienen ingresos, que son pobres o dependientes de sus padres. Humillante sin más. ¿Y qué idea es esa de facilitar la emancipación de los jóvenes que trabajan pero menos cobran? También decidieron poner fin a la Renta Básica de Emancipación.

Muchas medidas, muchos retrocesos en muy poco tiempo. Parece que la mayoría ya no recordamos la demagogia que practicaron en la oposición, irresponsable oposición, que sin duda está siendo superada por su labor en el gobierno. El ritmo frenético en el que se generan las noticias, las malas noticias, acaba provocando que se olviden a los pocos días, y cuando no lo hace la propia acción del gobierno parece que nosotros mismo nos ocupamos de hacerlo con polémicas que poco aportan para solucionar los problemas reales de la gente.

Como personas con firmes valores de izquierdas aspiramos a cambiar nuestra sociedad para hacerla más justa, avanzando en la igualdad de oportunidades y con la ampliación de derechos, para hacerla más prospera y desarrollada de forma sostenible y equitativa. Vivimos tiempos complicados y no podemos dejar que las dificultades provoquen que el individualismo se adueñe de la sociedad, es lo que pretenden para tener más fácil implantar su modelo social. Creo en un partido, en unas juventudes, que tengan capacidad de sumar para conseguir sus objetivos, de aunar para ganarles, pues gobernar no es un fin en sí mismo pero sí es la vía para ponerlo en práctica. No perdamos esto nunca de vista, no dejemos de mirar a la gente, de darles soluciones y esperanzas, de plantear retos sociales para seguir siendo útiles los que más necesitan de la política, a nuestra gente, la que más está sufriendo.